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Hermandad de

La EXALTACIÓN

CAPILLA SACRAMENTAL DE SANTA CATALINA

La Capilla Sacramental de Santa Catalina, obra del arquitecto Leonardo de Figueroa en la primera mitad del siglo XVIII, es uno de los mayores exponentes del Barroco andaluz. Su interior, uno de los espacios más hermosos de nuestra ciudad, es la representación misma del horror vacui: un barroco compendio de tallas, pinturas, yeserías, canterías y dorados. 

 

Capilla Sacramental de Santa Catalina

RESEÑA HISTÓRICA

La Hermandad Sacramental de Santa Catalina, deseosa de erigir una Capilla del Sagrario más amplia que la que poseía (la actual capilla que acoge a Ntra. Sra. del Rosario), solicitó en 1721 al Ayuntamiento la cesión de un terreno adyacente a la cabecera del templo parroquial de Santa Catalina. Concedida la petición con inmediatez, ese mismo año se iniciaron las obras, bajo la dirección del insigne arquitecto Leonardo de Figueroa, auxiliado por sus hijos Matías y Ambrosio.

En lo referente a  cantería y albañilería, las obras se prolongaron hasta 1736. Otros artífices que intervinieron en el proceso constructivo, tras la muerte de Leonardo en 1730, fueron el albañil Juan Serrano (1732-1734) y los canteros Fernando Jordán, quien se encargó del pavimento, y Miguel Quintana, que realizó el zócalo de jaspes rojos y negros.

 

En 1768 se consagra la Capilla Sacramental de Leonardo de Figueroa, auténtica joya del barroco andaluz y, probablemente, universal: en su pequeño espacio arquitectónico se condensa una variedad tipológica de elementos ornamentales tan amplia que resulta difícil sintetizar.

 

La Capilla Sacramental de Santa Catalina fue restaurada en profundidad entre los años 1995 y 1997, con la colaboración de la Fundación Argentaria y la Consejería de  Cultura de la Junta de Andalucía. Dicha intervención fue supervisada por el insigne catedrático de Historia del Arte, D. Alfredo José Morales Martínez, auxiliado por los arquitectos D. Ramón Romero Dorda y Dª. Carmen Ortiz González, en las actuaciones arquitectónicas y D. Juan Aguilar Gutiérrez en la restauración de los bienes muebles.

En 2021 se celebra el III Centenario del inicio de su construcción con un nutrido programa de actos de carácter cultural y cultual extendidos a lo largo de todo el año.

 

 

DESCRIPCIÓN ARTÍSTICA

Exteriormente la Capilla Sacramental de Santa Catalina tiene su principal elemento identificativo en la airosa cúpula que rematada por la escultura de la Fe, ejecutada por Miguel Quintana en 1724. También en el exterior, los adornos en barro cocido con aplicaciones cerámicas que recubren jambas, pilastras y ventanales fueron modelados por Juan Moreno y Juan Isidoro Ramos, este último padre del afamado imaginero Cristóbal Ramos.

El recinto se sitúa en el testero de la nave del Evangelio, comunicando con ésta y el retablo mayor mediante rejas ejecutadas en 1746 por los maestros cerrajeros Francisco Jiménez y José González. De planta rectangular, en su interior se desarrolla una exuberante decoración tardobarroca, tras la que se esconde un complejo programa iconográfico del Misterio Eucarístico.

Los paramentos, bóvedas e intradós de la linterna se enriquecen con yeserías estofadas que se alternan con aplicaciones en madera dorada, llevadas a cabo en 1730 por Pablo Guisado.

 

Los paramentos, bóvedas e intradós de la linterna se enriquecen con yeserías estofadas que se alternan con aplicaciones en madera dorada, llevadas a cabo en 1730 por Pablo Guisado.

Nuevas molduras lígneas se incorporaron a mediados del siglo XVIII, asumiendo ya la estética rococó. Las pinturas murales se deben a José García en 1730, mientras que Pedro Duque Cornejo fue el autor en 1733 de los cuatro ovalados con figuras de ángeles que se alojan en la bóveda del presbiterio.

Es importante resaltar del mismo modo la decisiva intervención del pintor Vicente Alanís, quien se hizo cargo del dorado de los retablos de la Capilla tras la muerte en 1766 del pintor y grabador  Pedro de Tortolero a consecuencia de un accidente sufrido mientras se hallaba dirigiendo el adorno del recinto de la Capilla del Sagrario. Además, completó las pinturas murales de la bóveda del prebisterio, ejecutó en 1768 la «Apoteosis de la Inmaculada» que figura a los pies de la capilla, así como dos lienzos enmarcados en molduras rococó efigiando «La Caída del Maná» y «Moisés haciendo brotar el agua de la roca del Horeb», ubicados en el tramo de la cabecera.

La decoración de la capilla se completa con unas vitrinas que acogen escenas con figuras realizadas en barro cocido. Representan a Jesús con los discípulos de Emaús, la Cena Pascual, la Comida en casa de Simón y la Última Cena, todas alusivas al sentido comunitario de la Eucaristía.

EL RETABLO PRINCIPAL

Notable interés presenta para el estudio de la  evolución estilística del retablo sevillano dieciochesco el que preside esta Capilla del Sagrario. Fue concertado en 1748 por Felipe Fernández del Castillo y su sobrino Benito de Hita y Castillo, concluyéndose su hechura en 1756.

El retablo está presidido por una dinámica talla de la Inmaculada Concepción, en un recargado conjunto en el que aparecen ángeles atlantes, ménsulas, rocallas, volutas y todo tipo de elementos ornamentales. El empleo de la rocalla como elemento decorativo en estas máquinas arquitectónicas de madera supone una novedad en este caso.

 

Las esculturas que lo componen, de espléndida factura, son obra de Benito de Hita y Castillo en 1756: los cuatro Evangelistas del tabernáculo, la Inmaculada Concepción de movidas líneas tardobarrocas de la hornacina principal; las efigies de Santo Tomás y San Juan Nepomuceno que la flanquean. El ático superior cobija una hornacina con la talla de San Sebastián, soberbia y dinámica talla de San Sebastián Mártir, copatrón de la Hermandad Sacramental de la Parroquia de Santa Catalina. En  sus laterales aparecen las patronas de la ciudad, las Santas Justa y Rufina.

El conjunto se completa con una escenografía habitual en los retablos de la época, unos ángeles que abren un gran cortinaje, y unas pinturas que aumentan el efecto ilusorio, obra de José García (1730).

EL ALTAR DE ÁNIMAS

En 1757 Felipe Fernández del Castillo finalizó la  factura del retablo que en el muro izquierdo de la capilla cobija la tabla firmada por Pedro de Campaña (Bruselas, 1503-1580). Esta valiosa pintura, fechable hacia mediados del siglo XVI, muestra a Cristo atado a la columna (Cristo del Perdón), con un donante y Santa Mónica a su diestra, y San Pedro arrepentido a su izquierda.

Haz click en el botón para acceder a la trascripción de la carta de concierto del altar, protocolada ante D. Juan José de Ojeda y Martel el 8 de Octubre de 1756.

Se trataba de construir el trono adecuado para la tabla de Cristo atado a la columna. Hacia 1537 Pedro de Campaña (Pieter Kempeneer) se instaló en Sevilla, donde se casó y trabajó hasta 1563. Campaña es uno de los representantes más eminentes del manierismo europeo de cuño romano. En Sevilla la presencia de Campaña significó una renovación profunda en la orientación pictórica local, dominada hasta entonces por Alejo Fernández y sus seguidores. Pacheco le ensalzó como patriarca de la escuela sevillana y ejemplo de «artista universal» del Renacimiento.

De ahí que la elección de Felipe Fernández del Castillo no deba extrañarnos pues, aparte de su bien ganado prestigio en el oficio, tenía más que demostrada su pericia en esta faceta artística. Además, por si fuese poco, desde 1748 trabajaba para la propia Hermandad Sacramental en el retablo que preside la Capilla.

El altar que cobija la tabla es de reducidas proporciones y consta de un cuerpo rematado en medio punto. En él se ubica el óleo con las Lágrimas de San Pedro, entre las tallas de los arzobispos Isidoro y  Leandro, los cuales se ostentan sobre un par de medallas, centradas por la Apoteosis Eucarística de la puerta del Sagrario; con las Animas Benditas, piezas únicas de su imaginería realizada por aquel entonces -pues el resto procedía de épocas anteriores-.

De este modo, estamos ante una iconografía que, pese a su rareza, no constituía novedad en la Sevilla del siglo XVIII pues, frente a los grandes cuadros de altar con el Juicio Final o el Purgatorio, abundaron igualmente los presididos por un tema pasionista; en este caso, la Flagelación.

Y es que, al margen de otras consideraciones de tipo plástico (por ejemplo, el juego de la pintura con las esculturas), interesa sobre todo el contenido, la iconología, la relación causa-efecto, el doble paralelismo establecido en la composición: entre el arrepentimiento de San Pedro y de las Almas en penas ante la presencia del Atado a la Columna; entre la mirada compasiva de Jesús al Pescador de Hombres, postrado a Su diestra, y la que dirige a los Purgantes, situados en el banco, en un plano inferior.  De este modo se significaba, aparte de las jerarquías de personajes, el carácter colectivo del Perdón y su extensión a todo el Cuerpo Místico, constituido en Iglesia Militante y Purgante, que espera con anhelo la absoluta remisión de las culpas; en este caso, con la intercesión de los referidos Santos tutelares de la ciudad: San Isidoro y San Leandro.

Del mismo modo cabe destacar que en ambas tarjas se inscriben ocho bustos (en su mayoría masculinos) que fueron trabajados con sumo esmero por algún artífice próximo a Benito de Hita y Castillo, habitual colaborador del retablista y autor de casi toda la estatuaria del recinto, que representan a los distintos grupos de la sociedad estamental, incluido el eclesiástico (encarnado por dos religiosos: uno de poblado cerco clerical, otro con la cabeza casi rasurada). Así, se quería recordar en todo momento, con retórica machaconería, la igualdad del hombre ante la Justicia Divina, los valores escatológicos de la Pasión y por supuesto la inexorable necesidad del fuego purificador de las faltas veniales.

BIBLIOGRAFÍA

 Morales A.J. (1997): «La Capilla Sacramental de Santa Catalina. Un espacio del barroco sevillano.» En Capilla Sacramental de Santa Catalina. Madrid. Fundación Argentaria.

 Roldán M.J. (2010): “Iglesia de Santa Catalina”. En Iglesias de Sevilla. Andalucía. Editorial Almuzara. 

 Planimetrías y alzados: Fundación para la Investigación de la Arquitectura de Sevilla, Archivo del Arquitecto D. Rafael Manzano Martos

Fotografías: Fototeca de la Universidad de Sevilla, Archivo de la Hermandad de la Exaltación, José Carlos Borrego Casquet, Alejandro Braña.