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Hermandad de

La EXALTACIÓN

NUESTRA SEÑORA DE LAS LÁGRIMAS

Nuestra Bendita Madre, la Virgen de las Lágrimas, ocupa el lugar más íntimo en el corazón de su Hermandad, de la que es centro de devoción. Nuestra Señora es objeto del entrañable fervor de sus hijos que la cuidan, honran y veneran cada día con amor incondicional, admirando la historia encarnada en la belleza de su llanto.

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EL ORIGEN DE LA DEVOCIÓN A LAS LÁGRIMAS DE MARÍA

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Nuestra Hermandad nace en el siglo XVI para honrar y venerar las Lágrimas que derramó la Santísima Madre de Nuestro Señor al presenciar la dolorosa escena de su crucifixión en el Gólgota. Por tanto, desde su fundación hace más de cuatro siglos, las Lágrimas de María están vinculadas al barrio de Santa Catalina, cimentando los más profundos sentimientos de nuestros hermanos y feligreses. 

El título de “Nuestra Señora” procede del lenguaje cortesano y caballeresco, siendo el título habitual dado por los vasallos a las mujeres de posición noble y usual en la lírica provenzal. Recordemos que en su origen la Hermandad se distinguía por la nobleza y alta cuna de sus miembros. Este apelativo fue popularizado por San Bernardo y los Cistercienses en torno al siglo XII, y frente a los títulos de Madre de Dios y María Santísima, pone de relieve el carácter humano e intercesor de María. 

"Stabat Mater Lacrimosa, Juxta Crucem Lacrimosa"

dice el texto franciscano, de donde toma su nombre Nuestra Bendita Madre. Las advocaciones pasionistas surgen en torno al culto a Ntra. Sra. de los Dolores, establecido durante la Baja Edad Media y describen los sentimientos de la Madre con parámetros humanos, rasgo clave de la prédica franciscana. Incluso algunos documentos y convocatorias de cultos de siglos pasados se refieren a la Virgen con el nombre de Dolores y Lágrimas. Nuestra Hermandad mantiene en sus Santas Reglas la Solemne Misa ante Nuestra Señora de las Lágrimas en la tarde del Viernes de Dolores. 

LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA

Nuestra Señora de las Lágrimas es una preciosa talla barroca anónima del siglo XVII, atribuida por muchos profesionales a Luisa Roldán, “La Roldana”. Está tallada en madera de Cedrella y policromada al óleo. 

La estética de su rostro se separa de los postulados sevillanos habituales, pues es alargado y de mandíbula ancha. El leve fruncimiento de las cejas nos ofrece un sentimiento de dolor muy personal, íntimo y recogido, acrecentado por las cinco lágrimas que surcan su rostro, dos en la mejilla derecha y tres en la izquierda. Su expresión queda suavizada por la dulzura de su mirada baja y su sutil inclinación, dotando a la Imagen de la Señora de una profunda unción sagrada y un encanto único en nuestra Semana Santa.

Iconográficamente representa a la Virgen Dolorosa tras la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo. En Andalucía se denomina genéricamente como Dolorosas a las Sagradas Imágenes de la Virgen María que procesionan bajo palio tras el paso de Cristo, a causa de la gran devoción que manifiesta el pueblo por los Dolores de María. Hasta tal punto es así que en Sevilla se celebra la Pasión a través del dolor de la Virgen, con una mariología completa que puede desglosarse en cinco representaciones cargadas de simbolismo religioso: La Dolorosa, el Stabat Mater, la Piedad, la Virgen Doliente y la Soledad.

Existen elementos fundamentales en la iconografía de la Virgen Dolorosa. El pañuelo es sin duda uno de ellos, usualmente portado en la mano derecha, para enjugar las lágrimas que manan de los ojos de María. Se da la curiosa circunstancia de que, pese a no estar documentado, sabemos que fue nuestra Dolorosa Titular la primera de nuestra ciudad en llevar el pañuelo que la sensibilidad sevillana dispuso para aliviar el llanto de la Virgen.

EL CULTO A LAS LÁGRIMAS DE NUESTRA SEÑORA

Ya en la segunda mitad del siglo XVII se menciona el Septenario de Dolores consagrado a la Santísima Virgen de las Lágrimas celebrado en Cuaresma, aunque se desconocen más detalles del mismo. Este Solemne Culto, de obligado cumplimiento por nuestras Santas Reglas, se desarrolló con fervor y alcanzó su momento álgido en los siglos XVIII y XIX, de los que se conservan documentos y convocatorias. 

Al igual que ocurría con la festividad de la Exaltación de la Cruz, la Cofradía recibe varias Indulgencias desde la Santa Sede y distintos Obispados para aquellos que acudieran al Solemne Septenario en honor a la Virgen de las Lágrimas o rezasen devotamente una Salve ante Nuestra Señora en su capilla. 

Actualmente nuestra Hermandad dedica el mes de octubre a los Solemnes Cultos a la Santísima Virgen de las Lágrimas. La tercera semana de dicho mes se celebra el Triduo y Función Solemne en su honor, y el fin de semana siguiente tiene lugar el devoto besamanos a la Sagrada Imagen; dos días durante los cuales nuestra Bendita Madre regala a sus fieles devotos la calidez de su cercanía. Se concentran en estos días otros cultos y actividades a mayor honra de Nuestra Señora: vigilia de la juventud, ofrenda floral, presentación de los niños y niñas nacidos ese año…

Ya en vísperas de la Semana Santa, la tarde del Viernes de Dolores, nuestra corporación celebra Solemne Misa cantada ante el paso de palio de Nuestra Señora de las Lágrimas, como decíamos anteriormente, una reminiscencia del primitivo Septenario. 

RESEÑA HISTÓRICA

Lo desconocido del origen de la Sagrada Imagen de Nuestra Señora plantea muchas dudas acerca de su llegada a la Hermandad. Consta en los archivos de un contrato con Luis Antonio de los Arcos de fecha 10 de junio de 1674, anterior al contrato del paso de misterio, para la ejecución de una “urnia” o paso para la Virgen de las Lágrimas. ¿Podría tratarse de la actual Imagen o poseía la Hermandad una anterior? A día de hoy siguen sin conocerse más datos acerca de este comienzo difuso.  

Testimonios documentales nos hacen saber del esplendor devocional profesado a la Sagrada Imagen en los siglos XVIII y XIX. Existen en nuestra historia curiosas anécdotas en relación con la Santísima Virgen en esos años. Por ejemplo, en 1854 la Hermandad rechazó la invitación a participar en la Magna Procesión del Santo Entierro con el paso de misterio porque no veía bien que, palabras textuales, «permanezca su Madre y Nuestra Señora de las Lágrimas oculta y sepultada en nuestra capilla».

La llegada del siglo XX trajo a la corporación varios años de inactividad y una Junta de Gobierno Interina fue nombrada con el fin de reorganizarla. Se introdujeron entonces una serie de cambios, como las túnicas de nuestros hermanos nazarenos, aunque el más radical fue la inexplicable sustitución de la Imagen de Nuestra Señora. 

El pequeño tamaño de la Bendita Imagen con respecto al entonces nuevo paso de palio pudo ser la razón que llevara a esta decisión que provocó que entre 1913 y 1933 otra talla fuera la Titular mariana de la Hermandad. Se trataba de una Dolorosa de procedencia malagueña donada por el cofrade José Castro y Mendoza, que se encontraba en un altar público del corral de Mihura, una casa de vecindad de la calle Encarnación, número 4.

No obstante, la Venerada Imagen de Nuestra Señora mantuvo su Culto en la capilla de la Hermandad durante los 20 años que duró esta incomprensible sustitución, hasta que en 1933 al fin recobró su lugar. Muchas voces dentro de la Hermandad, a raíz de determinados indicios documentales, incluso defienden la teoría de que ambas tallas fueron alternándose a lo largo de esas dos décadas. 

Recuperada la normalidad, la Hermandad se sumergió en el enriquecimiento del ajuar de la Santísima Virgen. Como curiosidad, varias publicaciones en prensa en la década de los treinta y los cuarenta se refieren a la Hermandad como “de las Lágrimas”, a pesar de que no se trata de ninguno de los nombres habituales con los que es reconocida nuestra corporación. 

En 1965, durante las Misiones Generales, la Santísima Virgen de las Lágrimas fue trasladada para presidir el Centro Misional de S. Pío X, en el barrio del Polígono Sur. 

Ya a finales de la década de los sesenta, en 1969, se celebró un Cabildo General Extraordinario para tratar la posible sustitución de la primitiva Imagen de la Virgen de las Lágrimas por otra talla de nueva hechura. Afortunadamente la votación rechazó la propuesta con el contundente resultado de 200 votos en contra y 7 a favor. Esta incomprensible idea de sustitución, tremendamente minoritaria en el seno de la Hermandad, encontró el rechazo absoluto de prácticamente la totalidad de nuestros hermanos, como evidencian los hechos. Las hermanas, que no pudieron estar presentes en el Cabildo por impedirlo las Santas Reglas, se congregaron a las puertas del templo y conocido el resultado entraron a rezar una salve a Nuestra Señora. 

Este desafortunado momento de nuestra historia nos dejó, sin embargo, verdaderos testimonios de amor a la Santísima Virgen de las Lágrimas: promesas, protestas y papeletas para impedir tan irracional cambio. 

La propuesta tuvo como bello resultado el florecimiento con aún más vehemencia de los sentimientos de todos los hermanos y devotos de Santa Catalina por su Señora; como una flor que sin descanso se hace más fuerte y hermosa cada día hasta hoy.

Varias publicaciones en prensa en la década de los treinta y los cuarenta se refieren a la Hermandad como “de las Lágrimas”, a pesar de que no se trata de ninguno de los nombres habituales con los que es reconocida nuestra corporación.