A simple vista, la verdad sobre el misterio eucarístico puede parecer inaceptable. Así ocurrió a muchos oyentes de Jesús, como vemos en el Evangelio de Juan (c.6). Y también puede ocurrir hoy. ¿Cómo nos dice que ha bajado del cielo? ¿Cómo puede darnos a comer su carne
Para entrar en este misterio es preciso hacer algunas aclaraciones. ¿De qué pan y de qué vida se trata? ¿Qué subyace en este misterio? Ante todo, nos encontramos en el núcleo de la relación del cristiano con Dios, con el Padre. Y esto se funda en la fe. El punto de partida es creer en Jesucristo, enviado del Padre, pan bajado del cielo. Por ello, el misterio eucarístico es misterio de fe. Esta verdad suscita la cuestión del vivir de la fe. La vida de fe es la condición para vivir de la Eucaristía que, al mismo tiempo, es la sustancia de la vida de fe, sin el comunión eucarística "no tendréis vida en vosotros". Porque creo vivo en Dios y desde Dios, nutrido del Pan de la vida, que vivifica para siempre. Hay una relación estrecha entre vida terrena y vida eterna. La Eucaristía es el sacramento de la vida resucitada.
No el alimento que pasa, sino el que dura para la vida eterna
El alimento y la vida son interdependientes. Jesús abre el horizonte de la vida. Y orienta la correcta relación con Dios. Una relación que se inicia en esta vida y culmina en la vida eterna. Anuncia una vida que supera la sola materialidad y un pan sobrenatural. La vida cristiana va más allá de la vida material. El pan para el camino por el desierto fue material y temporal. Necesario, pero insuficiente y coyuntural. El pan que viene del cielo es espiritual, con eficacia duradera.
Podemos analizar dos perspectivas: La que se refiere al mesianismo del bienestar material y la referida al mesianismo de Cristo.
Jesús viene del Padre y vive en el Padre. La vida que trae es la suya. Incorpora a la vida en Dios. Jesús trae una nueva visión o, mejor dicho, una nueva vida. El hombre necesita romper la estrechez de una vida reducida a lo material y abrirse a una vida plena, fundada en su espíritu y en el Espíritu. Una vida vivificada. Desde esta vida se unifica toda la existencia histórica. La fe en Jesucristo sólo es tal si brota de su verdad mesiánica. Esta fe no se queda en la hartura de los panes. No es una fe terrenal y material. No se cree en Jesucristo sólo para comer panes. La vida es mucho más. Ya nos advirtió Jesús que "no sólo de pan vive el hombre". Un sano humanismo no se conforme con el materialismo. El hombre es mucho más que el "comer" del consumismo, en sus diversas acepciones.
Jesús proclama una visión completa de la vida, integral. Al mismo tiempo, tiene claro que el hombre ha nacido para vivir para siempre. Su perspectiva supera las fronteras de lo intramundano. Nos trae una vida nueva, que se inicia aquí abajo y que se perpetúa en la eternidad, en la morada del Padre. Para Jesús, el hombre no ha nacido para morir. Desde estos dos supuestos, la vida espiritual y la vida eterna, se puede comprender y creer en el misterio eucarístico, en el Pan de la Vida.
Verdadera comida y verdadera bebida
Desde el humanismo intramundano surge la pregunta ¿cómo puede éste darnos a comer su carne? No se trata de eso. El hombre eucarístico no es antropófago. Jesús supone y proclama la dimensión espiritual de la vida, su unidad. Para ello se vale de un signo lleno de verdad interior: un sacramento. Comer el cuerpo de Cristo es participar de Él, vivir y crecer unido a Él, entrar con El en la vida de Dios, en la vida sobrenatural. ¿Acaso el creyente puede vivir sin Dios? La nutrición eucarística es alimento imprescindible para el vivir de la fe. Mantiene el flujo vital del sarmiento en la Vid verdadera. Se funda en la palabra de Jesús: "sin Mí nada podéis hacer".
La comunión eucarística no es un acto puntual dentro de una celebración litúrgica. Es la expresión de la comunión del creyente con Dios. A semejanza del significado y la función del pan material, el Pan de la Vida entraña el significado del dinamismo del nuevo organismo espiritual nacido de la fe y el bautismo. Ser cristiano es vivir, caminar, en la comunión con Cristo, con su palabra y con su vida. Cosa distinta a entender la fe como algo añadido de quita y pon o como una filosofía para caminar en esta vida. La vida del cristiano discurre por la savia de la unión del sarmiento y la vida. El Pan de la Vida, es el pan nuestro de cada día que realiza, de modo pleno, el acontecimiento de la encarnación, la unión del hombre con Dios, el Dios con nosotros.
Danos siempre de ese pan
El deseo, el hambre, del pan eucarístico es deseo de Dios, de participar en su santidad, en su amor. Expresa lo más íntimo de la transcendencia. Es la cima de la fe en el Padre, que da el pan que da la vida al mundo.
Recibir la Sagrada Comunión es propio del vivir de la fe, del peregrino de la santidad. No basta lo sensible, el ver, "aunque me habéis visto no creéis". Comulgar es un acto sobrenatural, un acontecimiento de la gracia divina, infundida en el bautismo, impulsada en la Confirmación y recuperada en la Reconciliación. Comulgar es participar de la santidad divina. Responde al deseo activo de vivir y obrar la vocación a la santidad. La Eucaristía es el alimento de la comunión de los santos, la comunión con Dios y con la Iglesia.
Desde un corazón purificado por la fidelidad y la Reconciliación, el peregrino de la santidad crece en ella alimentado por el Pan de la Vida que nutre el dinamismo cotidiano de la existencia humana. Comulgar es la experiencia de quien persevera en la gracia, en el amor divino, y combate contra el pecado, contra la muerte, como la Virgen María ante el poder de la serpiente.


